viernes, 4 de septiembre de 2009

la adrenalina


Adrenalina en el sabor de mangos, te voy a seducir, envés de esas ausencias de estarle a los contigos, abecedario deshabitando el marco de vivir al múltiple. Quiero encontrar espacios que van a fabricarse: antiquarium a ritmo de presencias en calles por llegar; quiero imaginarias tiendas, azules adoquines, cuartos recopilando encantos a tus pasos; sitios donde comprar miniaturas, relieves o descuidos dejados por la huella de tu cuerpo, maravillas de olor que van permeando sin pensarlo siquiera: tijeras de marfil, vasos, horquillas, brújulas, abanicos, cartas, peines, memorias de tu pelo. Quiero comprar al tiempo cosas tuyas, greguerías, luces que esperan por nacer, itinerarios de tu piel, pisapapeles, sombrillas con capricho de tus dedos redefiniendo aguaceros a libertades de una sola sílaba. Compraría almohadones que contengan siglas de tu dormir indefinidas zonas donde sabes soñarte la plenitud, el secreto que mecen los sillones al estrenar tu nuca o el lenguaje exigente de tu espalda, cuando cierras los ojos, cuando miras. Y entregarme de golpe al canistel que vive en tus caderas, sobre la magia de la lengua abrirte, pulpa dulce, al júbilo que tiene la saliva: pabellón algebraico donde habitar alimentando a vértigo orígenes o besos que como peces rastrean sus querencias polemizando a irrebatible preferencia los perfiles en peso de tu boca.

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